“¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?” (LS, 160)

alabado seas 01-12

Cuando se habla de dejar  algo a las nuevas generaciones, siempre  se piensa en lo mejor; es así que  hemos heredado nuevos avances en  muchas cosas, sobre todo en tecnología. Ahora cuando hablamos de la casa común, las cosas cambian. A nosotros/as, los que hoy somos adultos, nos han heredado una cultura de explotación de recursos naturales, un dominio absoluto del medio ambiente en todos sus aspectos, y no podemos dejar de mencionar que nos educaron para contaminar y producir basura porque todo es desechable. Hasta que nos toca enfrentarnos a una Naturaleza adversa que nos está enviando mensajes claros de un STOP- PARE; que ignoramos, o nos desentendemos, pero que siguen ahí.

Es responsabilidad de todos y todas, porque cada uno genera algún daño al medio ambiente, por lo tanto todos/as estamos llamados a contribuir en la medida de nuestras posibilidades, sea de manera pequeña, al interior del hogar o grande en los espacios comunitarios y sociales en que nos desenvolvemos.

No podemos desconocer que en algunos lugares como colegios, centros comunitarios  sociales y de iglesias, se han tomado en serio el tema del cuidado del medio ambiente, creando programas de  reciclado y re-utilización de residuos, aportando charlas, seminarios y encuentros que permiten ir tomando conciencia a los que hoy somos constructores de este tiempo y educadores de las nuevas generaciones. Ahora esta medida es insuficiente cuando en casa la realidad es de total indiferencia ante este tema, hasta que son los mismos niños que empiezan a educarte. Rodrigo tenía 4 años, íbamos caminando por el parque O´Higgins (Santiago de Chile) en verano, de pronto unas señoras arrojan los papeles de los helados en la calle, el corre y los recoge, se acerca a ellas y les dice: “Señoras, se les cayó esto y le pasa los papeles, continúa… la calle no es basurero, es de todos, hay que cuidarla”. Fue una lección para ellas y para nosotros porque en casa hablamos del tema y tratamos de practicarlo, aunque no medimos las repercusiones que tiene en los niños. Esto nos deja la esperanza que si seguimos educando y poniendo en práctica lo que decimos habrá algo que heredar.

Toda la diversidad biológica que degradamos a diario, a veces de manera inconsciente, será herida grave que dejaremos a las nuevas generaciones;  la tierra, sus bosques, los humedales; las aguas, el suelo, el aire, los seres vivos. Son un complemento perfecto y si ellos no logran armonizarse en cada ciclo, no tendremos nada que heredar, sino muerte. Ahí comprenderemos tardíamente que «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios».

No podemos esperar a que sean otros y otras los que empiecen a dar estos pasos, tenemos que ser nosotros HOY; es tú tiempo, es tu oportunidad de dejar algo a las nuevas generaciones, tus hijos, hijas y nietos y nietas.

Colaboración: Herminia Morales R.Animación Misionera/ Proclade SJS.

 

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