Se requiere de la política una mayor atención para prevenir y resolver las causas que puedan originar nuevos conflictos. Pero el poder conectado con las finanzas es el que más se resiste (…) ¿Para qué se quiere preservar hoy un poder que será recordado por su incapacidad de intervenir cuando era urgente y necesario hacerlo? (LS, 57)

Chile es un país unitario, de tradición centralista, cuya centralidad nos posiciona dentro de los países más centralizados de la OCDE y el más centralizado de Sudamérica. Esta estructura del Estado se ha perpetuado de la mano de una elite política, que se ha negado de forma sistemática a generar procesos que devengan en la distribución de poder que permitan superar la alta concentración de riqueza y desigual distribución del ingreso existente en el país (Santiago concentra el 40% de la población y el 50% del PIB). A su vez, en el último período se han sucedido diversos escándalos de corrupción, que han entregado pruebas tangibles de la ligazón entre la élite política y los grandes grupos empresariales.

Esta excesiva concentración del poder, en manos de la élite-política-económica, ha buscado perpetuar un sistema de desarrollo económico-extractivista basado principalmente en la explotación de los recursos naturales y en la apertura a los mercados internacionales. Dicho modelo económico-extractivista, intensificado en el período de la dictadura,  reorganizó el territorio imponiendo una división político administrativa que dotó a cada región de recursos naturales suficientes, a fin de promover una perspectiva de desarrollo económico a largo plazo y avalada por medio de subvenciones estatales a las empresas pesqueras, forestales, mineras, entre otras. De esta forma dichas empresas han llegado a instalarse en los territorios, por medio de decisiones del Estado central, buscando exclusivamente beneficios económicos a corto plazo.

Así es como el modelo económico-extractivista ha desalojado de los territorios a las comunidades, acaparando y apropiándose de sus riquezas naturales y generando una serie de externalidades negativas tales como: desforestación, contaminación de  suelos y cursos de agua, destrucción de glaciares, entre otras. Dichos impacto se suman a los efectos del Cambio Climático que ya han comenzado a evidenciarse por medio de sequías prolongadas, extensión de la desertificación, reducción de superficie de bosques, derretimiento de glaciares, por nombrar algunos.

Por tal situación hoy Chile es considerado como un país altamente vulnerable ante el Cambio Climático y uno de los aspectos más preocupantes es la inacción por parte de la clase político-económica respecto a evitar sus efectos. El Cambio Climático cambiará el actual balance de fuerzas, debido a que no existe poder económico que se haga cargo de los perjuicios que éste conlleva, y aunque la elite política-económica piense que a  ellos no les toca, serán justamente los que serán apuntados como responsables de su inacción.

Colaboración: Karen Pradenas, Fundación Decide

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