“La sobriedad que se vive con libertad y conciencia es liberadora” (LS, 223)

alabado seas 09-10

Vivir con libertad es el deseo de toda persona. A nadie le gusta estar atado o atada. Tener cadenas que no nos permitan actuar como realmente queremos es una de las mayores pesadillas posibles. Pensar en tener nuestras manos amarradas, nuestros pies encadenados, nuestra mente encerrada, hoy podría parecer cosa del pasado, de cuando la esclavitud era legal y aprobada por grandes sectores de la sociedad. Hoy la esclavitud, como la conocimos, ya no existe, pero si podemos encontrarla bajo otro formato.

En el mundo que vivimos el gran desafío que enfrentamos es encontrar la felicidad, y para ello debemos ser capaces de vencer muchas barreras, tanto externas como internas. Alcanzar la felicidad conlleva conquistar la libertad. Libertad de pensar, de hacer, de sentir, de vivir la propia vida. Así también es necesario cuestionarse el estilo de vida que llevamos. Para ser felices no necesitamos riquezas ni lujos, podemos vivir con poco pues la felicidad no se encuentra en los bienes materiales, sino en el servicio, en el contacto con los otros y las otras. Buscando la felicidad en objetos, dinero, en la ostentación sólo nos otorga un nivel de satisfacción momentánea. Si lo que compramos con la intención de hacernos felices se estraga, nuestra dicha se esfumará y nos obligaremos a adquirir uno nuevo. Este círculo vicioso no solo nos conduce a un gasto indiscriminado de nuestro dinero, sino también a la sobreexplotación de bienes naturales necesarios para la producción.

La sobriedad es liberadora. Vivir con sobriedad nos libera de las cadenas del consumo. Nos hace dejar de lado las superficialidades que entretienen pero que también estorban para una existencia digna, solidaria, asumida como tarea a realizar y no solamente vida que estrujar. Disfrutar de las pequeñas cosas, de cada momento que vivimos, de lo sencillo. No ser esclavo del tener, y de lo que no se tiene, y sí valorar lo que tenemos, centrarnos en quienes están con nosotros/as.

La sobriedad puede tener varias raíces. Una de ellas es la necesidad. Ser sobrio por necesidad es someterse a alguna carencia en la calidad de vida que todos merecemos. En este caso la sobriedad se asume sin ribetes agradables ni tampoco ayuda a vivir con gozo. Se es sobrio porque no queda más remedio, porque de lo contrario se atentaría contra las necesidades primarias.

Cuando alguien asume la sobriedad dándole un sentido, se colabora al bienestar social. Porque la sobriedad de unos debe ayudar a superar las carencias de otros y otras. La sobriedad que no repercute socialmente en bien de otros, se queda solamente en el nirvana de la autocomplacencia espiritual o es un esfuerzo egoísta de autoflagelación. Si vivo en la sencillez, no centraré mi existencia en el querer tener cosas.

La sobriedad nos ayuda a liberar la carga que hemos colocado en nuestro caminar. Nos permite centrarnos en el servicio, en detenernos y mirar alrededor.

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