“El clima es un bien común, de todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana” (LS, 23).

alabado seas 28-09

Laudato Si’ es una encíclica que recoge el aporte de la ciencia, pero sin caer en un falso empirismo ni en los límites epistemológicos de la tecnocracia. Por ejemplo, incorpora la noción del clima como un bien común, enunciada por Elinor Ostrom, Premio Nobel de Economía en 2009, famosa por su enfoque sobre el gobierno de los bienes comunes, como el agua y otros recursos naturales.

Al afirmar que el clima es un “bien común de la humanidad” el Papa Francisco reconoce que la noción tradicional de propiedad, basada en el derecho absoluto de un propietario individualizado sobre un objeto pasivo y delimitado, es una idea caduca y peligrosa si se la aplica al sistema climático. Quién intente apropiarse del clima, o de sus factores y efectos, va a entrar en un absurdo proceso que tarde o temprano le afectará a él mismo.

Para entenderlo no hay mejor ejemplo que los procesos de sequía que afectan a Chile. La concentración de los derechos de agua, producto de la aplicación del código de aguas de 1981, genera en primera instancia un beneficio directo a sus apropiadores, que se benefician de la privatización. Pero a largo plazo los afectados no son sólo los habitantes de las comunidades despojadas. El cambio de propiedad del agua transforma todo el ecosistema, el régimen de las napas subterráneas, los equilibrios biológicos del entorno, y en general la habitabilidad de todo el territorio. Porque el agua es un factor crucial en el complejo sistema climático que no distingue entre las cercas de las propiedades ni reconoce títulos de dominio.

En Cabildo, La Ligua o Petorca la privatización del agua aumentó en un primer momento la plusvalía de los empresarios agrícolas y mineros, en detrimento del acceso al agua de la población local. Pero con los años la sequía del entorno territorial también ha comenzado a afectar a los “ganadores”, bajo la forma de un grave deterioro de las condiciones de habitabilidad de esos valles. De igual manera la masificación de los monocultivos de plantaciones forestales en el sur ha supuesto enormes ganancias para las empresas forestales. Pero al alterar radicalmente variables ambientales como agua, la calidad del suelo o la diversidad biológica, estas empresas están cavando a largo plazo su propia ruina, ya que la degradación del territorio augura un declive irreversible de su propia producción maderera en un par de décadas.

Laudato Si’ nos recuerda que vivimos en una casa común y compartida, que no hemos heredado de nuestros padres, sino que hemos tomado prestada de nuestros hijos. Pensar que todos los elementos de esta casa pueden administrarse bajo la lógica del individualismo posesivo nos condena a destruir nuestro propio hábitat. A la larga es cortar la rama del árbol en la cual estamos sentados. Estamos a tiempo de evitar la caída.

Colaboración: Álvaro Ramis Olivos, Doctor en ética y democracia. Académico USACH

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