“Sabemos que es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros todavía no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana.” (LS, 192)

alabado seas 09-09

La dignidad humana representa el valor absoluto e inherente de todos los seres humanos. La Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) inicia su texto con el “reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”. La Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969) protege la “dignidad inherente al ser humano”. La Carta Europea de Derechos Fundamentales dedica su Título I a la “Dignidad”. Y así podemos encontrar otras referencias aludiendo a la dignidad como fuente y base de los derechos fundamentales. Adquiere de este modo un valor no solo moral, sino también legal y político. La dignidad no es un derecho que se nos conceda, sino que es nuestra por el solo hecho de ser humanos y humanas.

Independiente de sectores políticos y lógicas económicas, las situaciones de injusticia social son cada vez más frecuentes. Si bien el desarrollo de la humanidad ha alcanzado niveles altísimos, el sistema imperante en gran parte del mundo avanza sin importar los costos, sin mirar por encima de quién pasa, y sin volver la mirada hacia las personas que quedan atrás. El consumismo es hoy por hoy el dios al que muchas y muchos adoran. Parece ser que el mundo se ha rendido a sus pies. El avance de los países se mide en términos del consumo, del crédito. Los índices económicos nos rigen de forma casi absoluta, dando énfasis sólo al promedio del PIB, el IMACEC, las alzas del IPSA o del IGPA. La disminución de la pobreza se ha resumido a publicar que cada vez es menor el número de pobres en el país, pero poco y nada se dice de que el 53,5 % de los trabajadores chilenos gana menos de $300.000 y el 70 % menos de $426.000 líquidos. Que en las regiones de La Araucanía, Maule, Biobío y Los Ríos, el 70 % de los trabajadores gana menos de $350.000 líquidos. O que se registran cerca de 700 mil subempleados, y el 50 % gana menos de $100.000. A esto podemos agregar que sólo el 3.6%, cerca de 260.000 personas, gana más de $1.500.000. Cabe preguntarse, ¿crea una sociedad sostenible este comportamiento de algunos/as?, ¿hay dignidad en los números económicos que nos entregan los gobiernos?

Unos pocos acaparan tierra, ingresos, privilegios y derechos; unos muchos viven con lo justo o menos, son objeto de represiones, y el sistema político se preocupa más de sus deberes que de sus derechos. Según el economista francés Thomas Piketty, en Chile el 1% más rico de la población tiene cerca del 35% de la riqueza nacional, siendo la cifra más alta del mundo.

El objetivo de la lógica capitalista es la acumulación de cada vez más capital, aun si es necesario para ello provocar guerras. La prioridad de este sistema es obtener el control de los recursos capitales, la tierra, el oro, el cobre, el petróleo, el agua; y no hay que mirar hacia medio oriente o África: en todo Chile los conflictos ambientales se originan en gran medida porque unos pocos desean continuar con la lógica de la acumulación infinita, para beneficiarse sólo ellos, sin importar la dignidad de las personas que se puedan ver afectadas por este apetito insaciable de tener más y más. Sabemos que esto es insostenible. Sabemos que tiene que cambiar.

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