“Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades (LS, 14)”

alabado seas 02-09

La pensadora alemana Hannah Arendt al definir lo que es la política indica que ésta se basa en la pluralidad de los seres humanos, así como en el estar juntos los unos con los otros por medio de esta diversidad. Muchas veces olvidamos que el convivir en una sociedad se basa en ello. Asimismo, cuando pensamos en política, responsabilizamos a las autoridades de los cambios que buscamos para un mejor futuro. No obstante, en el cuidado de la creación, no tenemos excusas, porque así como somos todos y todas parte de esta Tierra, todos y todas también hemos sido responsables del daño que le hemos causado.

El llamado a colaborar en el cuidado de la Tierra es de carácter universal, esto es, a todas las personas que se sientan parte de esta creación. Y es una invitación que hoy se hace urgente, porque estamos en un momento crítico de crisis ambiental. Y en este llamado no podemos excluir a quienes pensemos que no puedan ser parte ni quienes no se sientan capacitados. Al contrario, este llamado nos anima a motivar a otros y otras a ser partícipes de este cuidado común.

Vemos día a día a niños, adolescentes, adultos y ancianos que están trabajando en aras de hacer cambios hoy para construir un mejor futuro para la humanidad que viene: aprendiendo sobre educación ambiental, involucrándose en proyectos de ecología en sus barrios y escuelas, participando en incidencia pública o enseñando a otros y otras sobre cómo en el pasado éramos más conscientes sobre el gasto de los recursos naturales. Porque el cuidado de la creación no puede ser un motivo exclusivo de una generación, sino que nuestro deber es construir conocimiento y enseñanza para las generaciones que vienen y que vivirán consecuencias aún más graves del cambio climático y daño a la naturaleza que el que sentimos ahora.

Por ello, así como es un desafío intergeneracional, también lo es interreligioso y multicultural. Porque así como cada generación nos ofrece un aprendizaje sobre cómo enfrentar el cambio climático hoy, el diálogo entre religiones y con diversas culturas nos mostrará que no estamos solos en esta lucha. Así son  los esfuerzos de quienes buscan convocar a personas más allá de las fronteras y creencias, hacia un entendimiento y colaboración en este tema, como expresión de que al momento de pensar en el cuidado de nuestra casa común, la cooperación prima por sobre las oposiciones que se pueden entablar entre unos y otros. Por ello es que en el caso de Chile, y a la hora de avanzar en el tema medioambiental, no debemos olvidar el diálogo entre religiones, entre organizaciones civiles, y sobre todo, entre y con nuestros pueblos indígenas. Si bien, cada uno posee los dones y capacidades para colaborar en esta labor, nos necesitamos unos de otros para el desarrollo de iniciativas que permitirán llevar hacia adelante nuestro propósito.

Empoderémonos de ese concepto de política expuesto por Arendt de, a partir de la diversidad, enfrentar juntos y juntas el desafío del cuidado de la creación para quienes viven hoy y para quienes  que vivirán en el futuro.

¡ Que esa sea nuestra plegaria !

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#AlabadoSeasChile

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