“Olvidamos que nosotros mismos somos tierra. (cf. Gn 2,7) (…) Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, el aire es el que nos da aliento y su agua nos vivifica y restaura (LS, 2)”

alabado seas 26-08

Cuando algo nos pasa decimos: “Tengo una laguna mental”, “siento que  me tiembla el piso”,  “lloré  a mares”, “mi pelo  quedó como si un chiflón hubiera pasado”, “siento un fuego en mi boca”,  “mi piel me pica como si pasaran arena sobre ella”; así mismo,  cuando nos  sentimos sanos, asimilamos nuestro cuerpo a la quietud de un amanecer o un atardecer. Todas estas expresiones populares que utilizamos para explicar alguna situación que nuestro cuerpo siente,  y la posibilidad que  todas y todos entendamos muy bien lo que grafica;  nos  muestran   que poseemos  una estrecha vinculación entre éste y  los elementos, la geografía  y  los ciclos que observamos y vivimos en la Tierra y la naturaleza.

Incluso más, el ciclo respiratorio que  necesitamos efectuar para que nuestra sangre se oxigene y nos permita la vida, sella de manera inequívoca  de que somos, estamos constituidos por los elementos de la naturaleza, la biología lo ha demostrado, por ejemplo, ya sabemos que estamos constituidas/os por un 70% de agua. También  la hermosa capacidad de vínculo, y  sin duda, la necesidad de entendernos que somos una relación en nuestro propio organismo, con otras y otros y con la Creación,  nos reafirman que somos una relación viva y dinámica que se nutre permanentemente de la naturaleza y que en nuestro país, se expresa  en los dichos populares antes  mencionados.

Así como es el territorio que habitamos es lo que somos los seres vivos que ahí vivimos, de esta forma  profundizamos esta unión.  En Chile, vivimos y organizamos nuestro cotidiano en torno a este vínculo de manera muy diversa, dada nuestra geografía chilena, variada,  tan maravillosa como desafiante, vemos como esto se expresa desde cómo hablamos, cómo nos identificamos y lo que usamos para cubrir nuestro cuerpo, pasando por  las múltiples formas de alimentación que nos permite la vida, así como las formas de dar gracias por lo recibido desde la Creación  en  fiestas, ritos, celebraciones y fiestas, las que nos colocan en medio de relaciones que nos confirman que somos Tierra.

Una  forma desde la que podemos recordar esta unión, esta relación,  desde  nuestro cuerpo hacia la interioridad y viceversa, para Mí es: la danza.  Y como se describe en  la danza  AS One: “somos uno con la tierra, Ella y Yo formamos un solo ser”,   la danzamos para  sentir y decir con palabras y nuestro cuerpo que  esta unión, es recíproca, inalienable, irreversible y total; En un círculo de mujeres danzantes, una pobladora, que lucha día a día para vivir en dignidad,  lo expresó de esta forma:  “sentí que el ritmo de la música llevaba mi cuerpo, no lo manejaba Yo, algo me llevaba, pero no sentí miedo, aún sin ser yo quien manejaba mis movimientos…fue perfecto”.   En ese momento vique “como es afuera es adentro”.

Sin duda, cada experiencia que vivimos, sea de manera natural (sensaciones corporales) o  elaboradas (como la danza) nos recordará la reciprocidad y unicidad con la Creación, los  elementos que la y nos constituyen, los lugares geográficos que habitamos son aire, fuego, tierra y agua.  ¡Bendita seas hermana Tierra, en y con  nosotras y nosotros!

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